
Madrid, El Rastro, enero 2008.
Decía un obispo hispanoamericano que la serpiente siempre muerde al que va descalzo. Yo me pregunto, ahora, hoy, en octubre de 2008, ¿quién es más pobre en España?…¿los gitanos, los quinquis, los ancianos, los disminuidos físicos y psíquicos, las prostitutas, los alcohólicos, los delincuentes, los drogadictos, los vagabundos o transeuntes, los emigrantes, los braceros…? Se habla de los “sin techo” y se añade y “sin derecho”. Este cuarto mundo -el tercer mundo en el primero- comprende a varios (demasiados) millones de personas.
Sálgase de Madrid o de cualquier ciudad española y obsérvese con detenimiento. Déjese de leer la publicidad y propaganda, los grafitis y otros mensajes para descubrir esos tejados con neumáticos encima…chabolas…
En la España rica y próspera y democrática conviven la segunda y la tercera residencia (incluso canina o caballar) y el “bidonville”. Se anuncian apartamentos, pisos de one, two, three, four…, adosados, villas, promociones, residenciales, complejos , bungalows, chalets, casas de madera prefabricadas, pérgolas, casetas para la construcción, servicios portátiles, caravanas, y al lado crecen esas casas hechas de retales de plástico, de maderas, de diferentes metales con tejados sujetos con ruedas de coche.
Dentro también hay dignidad aunque pueda haber también desigualdades, iniquidad y diferencias. Dentro de esos espacios de marginación hay clases y categorías y jerarquías y clanes…pero hay gente.
Da vértigo asomarse a esos lugares desde una fotografía. No hay muchas fotografías por cierto de estos espacios.
Ahora, con la crisis y la globalización, se habla de las nuevas caras de la pobreza. En algunos casos se habla de la cara encorbatada de la nueva pobreza. Se habla de las ayudas a estas nuevas caras a deshora, es decir, cuando nadie los ve y cuando ya no hay nadie en la cola para recibir unos kilos de arroz o pasta…llegan esas nuevas gentes a pedir o recibir su ración…no van tan descalzos pero su estómago también grita.
La globalización tiene estas cosas. Cuentan que hace ya tiempo en Nueva York hubo una huelga de periódicos. Hizo noches de frío -tanto como para que algunos abogados se metieran sus manos en sus bolsillos- y murieron muchos vagabundos porque no tenían con qué arroparse.
Sobre Madrid había una canción de una cantautora poco conocida y nada televisiva, Elisa Serna, que hablaba de las personas que se arropan con cartones.